Este cuento fue recopilado en Otavalo

Narrador: Vinicio Chuma

Adaptación: Luis Flores

 

EL CONEJO Y EL LOBO

 

Había un Conejo bien, pero bien goloso. Todos los días se robaba los pepinos de una sementera. ¡Pepino que maduraba, pepino que desaparecía del huerto!

El dueño de la sementera estaba harto de lo que acontecía en su terreno y se moría de iras intentando descubrir al ladrón.

- ¿Cual será este mañoso que me roba los pepinos? Decía el dueño.

Después de varios intentos para atrapar al ladrón, se le ocurrió una idea; consiguió un pegamento poderoso y untó a toditos los pepinos maduros.

-¡Ahora se jode este sinverguenza!-, decía el dueño mientras untaba el pegamento.

Entre las matas de pepino, se asomó el Conejo vivaracho dispuesto hacer de las suyas. Cuando encontró el pepino más grandote y maduro, no pensó dos veces, pero al intentar cogerle, ¡suassss!, su pata quedó atrapada en el pepino.

-¡Carajo, que pasa!-, decía el Conejo. Cuando intentó zafarse con su otra pata, las dos se quedaron pegadas

El Conejo no se dio por vencido y como era necio,intentó zafarse con su tercera pata, pero el pegamento era tan fuerte que, ¡suasss!, también ésta quedó pegada.

-¿Chuta y ahora qué hagó?, muy avispado está este pepino, pero no importa, porque mi última pata es la más fuerte y con ésta sí me he de soltar- Decía el conejo preocupado por la mala pasada.

Esta era la última oportunidad del Conejo, se concentró bien, tomó aire, pero apenas rozó su pata en el pegamento, se quedó atrapado totalmente en el pepino.

- ¡Carajo, ahora sí me jodí! - Se quejaba el Conejo

 

 

Al día siguiente el dueño de la sementera fue a ver si el ladrón había caído en la trampa y encontró al Conejo hecho el dormido.

- ¡Con que vos has sido!¿Ahora sí te jodiste, voy a coger la ortiga más brava y te voy a dar en las patas y en el rabo para que aprendas!

En ese mismo rato cogió al Conejo, lo amarró a un palo y fue al río en busca de una buena planta de ortigas negras.

El Conejo estaba aterrorizado, para su suerte el Lobo atinó a pasar por ese sitio, entonces al Conejo se le ocurrió una idea.

-¡Tíoooooooo, tíoooo! -Le llamó

- ¿Que pasa. que haces ahí amarrado? - Le preguntó el Lobo.

- Tío, ni sabe lo qu eme pasa, em quieren hacer casar con una longa bien bonita, pero yo todavía no me quiero casar porque soy muy joven - Respondió el Conejo.

Al Lobo se le pararon las orejas.

- ¿En serio, es bien bonita la longa?

- Sí tío, ¡es bien bonita! -

- ¡Entonces yo me caso en vez tuyo! - Le proposo el Lobo

- Verás cuando venga el suegro, lo único que tienes que decir es, sí me he de casar-.

 

 

El Lobo liberó al Conejo y éste amarró al Lobo en un palo.

Cuando el dueño llegó y encontró al Lobo en lugar del Conejo, se puso colorado de las iras desquitándose con el Lobo hasta que la ortiga quedó muerta y el rabo del Lobo hinchado.

El Lobosin saber lo que ocurría, se quejaba de los ortigazos gritando:

- ¡Si me he de casar! ¡Sí me he de casar! -

 

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