Cuento recopilado en la ciudad de Otavalo, Provincia de Imbabura.

Relator: Mercedes Benítez

Adaptación: Luis Flores

 

LA PÁNFILA

 

Todo sucedió en la Florida, un barrio tranquilo de Otavalo donde los niños y las niñas se reunían a jugar hasta altas horas de la noche. Una de esas noches un hombre fue asaltado cerca de las piscinas del Neptuno, le robaron su reloj, su billetera y le dejaron sin zapatos. El pobre hombre se quedó pálido y temblando como si hubese visto un cuco.

Al día siguiente todo el barrio se enteró de lo que pasó la noche anterior, y ese mismo día, volvió a ocurrir lo mismo; dos borrachos que se quedaron dormidos en las gradas del socavón, amanecieron culilluchos. Un ser extraño apareció de la nada y estaba haciendo de las suyas.

 

 

Pasaron algunas semanas y seguían los asaltos; las calles se fueron quedando tristes y solitarias, el vecindario no sabía qué hacer ante esos acontecimientos y su misterioso autor.

Llegó la temporada de katzos, éstos volaban por todas partes. Para salir a cazarlos había que hacerlo en la madrugada, cuando los panaderos comienzan a trabajar. Fue a esas horas cuando por primera vez un panadero vio a una mujer alta con vestido largo y un bolso grande donde guardaba las cosas que robaba. ¡Era la Pánfila!.

La Pánfila dormía en el día y se despertaba en la noche a rondar el barrio esperando a sus víctimas. Calladita sabía estar. Tenía unos ojos grandes para ver mejor en la oscuridad y unas piernas largas, largas, conlas que caminaba y caminaba hasta el amanecer....

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