Cuento recopilado en Peguche, Provincia de Imbabura

Narrador: Adriana Oña

Adaptación: Luis Flores

 

EL LOCRO DE PAPAS

 

Ankaly era un joven que vivía completamente solo. Todos los días muy temprano arreglaba su casa y cocinaba para salir a trabajar en su huerto. Volvía cuando el sol se ocultaba tras de los carrizos de la quebrada.

Una tarde, Ankaly volvía a su casa recogiendo ramas secas para encender la tullpa, pero alguien lo seguía; era una kurikinka que viendo al joven sin pareja, decidió acompañarle escondidita entre los árboles. Ankaly llegó a su casa cargando las ramas secas, la kurikunka en cambio se posó en un árbol de capulí frente a la ventana, desde donde podía espiar lo que l joven hacía.

La tarde obscureció, las nubes se tiznaron y un fuerte aguacero con granizo empezó a caer. A pesar de aquello, la kurikinka no se movió del arbol de capulí, sus plumas estaban empapadas, sus patas se veían como chochos arrugados y sus ojos no pestañaban mirando al joven calentar su soledad en la tulpa.

 

 

Al día siguiente la kurikinka seguía en el árbol; una y otra vez sacudía sus plumas para secarse. Voló hasta la ventana y esperó a que el joven salga a trabajar. Ayudándose con su pico curvo logró entrar a la casa y, apuradita, empezó a realizar las tareas domésticas.

Primero regó las plantas y limpió el polvo; después dejó que el aroma del eucalipto entre a perfumar el ambiente; luego adornó la mesa con flores de distintod colores y finalmente tuvo tiempo para cocinar un poco de Kinwa, habas y chochos. Así lo hizo por varios días.


 

- ¿Quién estará entrando a mi casa a cocinar y a limpiar? - Se preguntó Ankaly.

Curioso por lo que sucedía, decidió esconderse para descubrir al intruso. Esa mañana la kurikinka había decidido hacer unas papitas cocinadas ymientras pelaba las papas y las ponía en agua hirviendo, el joven sacó la cabeza de su escondite.

¡Al ver a la pájara se pegó un gran susto! Era una pajará grande, con el cuello adornado de plumas blancas como una bufanda de nieve; parecía una cóndor pero más pequeña, parecía un águila, pero más elegante.

 

 

Ankaly salió del escondite y la kurikinka brincó del susto en chulla pata. Mientras intentaba atraparla, la casa quedaba patas arriba. En ese trajín, el tiempo transcurría y las papas se aplastaron en el agua hirviendo quedando un auténtico locro de papas.

Pero esta historia no queda ahí. Ankaly, tanto hacer logró agarrar de una pata a la kurikinka y ésta del miedo salió poniendo un huevo en la olla de papas. De esa manera nació el locro de papas con huevo.

Cuando las cosas se calmaron, Ankaly tomó a la kurikinka en sus brazos y la acarició dulcemente.

 

Buscar