Cuento recopilado en Otavalo, Provincia de Imbabura

Relator: Vinicio Chuma

Adaptacion: Luis Flores

 

EL GIGANTE DE LA LAGUNA DEL KUNRU

La Ventana del Imbabura

 

La gente amaneció soñando agua y los cuyes correteaban como locos ante un presentimiento extraño. Nadie sabía lo que pasaba, hasta que un pájaro vino con el chisme.

-¡Ya viene! ¡Ya viene! ¡Es muy grande y cachetón! -Decía el pájaro alertando a todos.

De tierras desconocidas se acercaba un gigante. Tenía los cachetes de color de un tomate riñón y cuando caminaba su enorme barriga se movía como gelatina.

-Ananay, que lindo lugar! -Decía el gigante.

Como estaba hambriento, empezó a comer todo lo que encontraba a su paso, pero su comida favorita sin duda eran los chanchos y las vacas.

-Mmmm... ¡Qué sabroso! -Decía el gigante chupándose los dedos.

Este gigante, a más de andariego se pasaba todo el tiempo haciendo travesuras; utilizaba a las montañas como resbaladeras y lamía la nieve de los volcanes.

Un día, después de jugar, quiso darse un baño y fue en busca de una laguna donde nadar. En un abrir y cerrar de ojos, llegó a Yahuarcocha, se quitó la ropa hasta quedar culillucho y cuando se lanzó, en vez de darse un chapuzón, se dio un tremendo panzazo.

 


-¡Ayayay, ayayay! -se quejaba el gigante rascándose la panza.

Después del tremendo chasco, fue en busca de otra laguna y en tres pasos llegó a la laguna de Cuicocha; pero esta vez ya no quiso lanzarse, solo metió los pies.

-Ja, ja, ja ¡esto será laguna! -Se reía el gigante burlándose del agua que apenas le llegaba hasta los tobillos.

Con seis pasos de gigante y saltando el Fuya Fuya, llegó hasta el Mojanda donde existen tres lagunas. Escogió la laguna, más grande para su baño, era una laguna callada que parecía profunda. Al meter la punta de sus pies, el agua estaba tan fría, tan fría que la piel de su cuerpo se puso como de gallina.

-¡Achachay, achachay! -Tiritaba el gigante.

Saltó para calentarse y se resbaló por el pajonal hasta llegar a la laguna de Imbakucha. Al ver su belleza adornada de garzas y chilcapanes, el gigante lleno de emoción pensó quedarse a vivir para siempre en ese lugar.

-¡Oh!¡en esta laguna sí podré bañarme! -Dijo el gigante.

Cuando intentó meterse en la laguna, ésta le llegó solo hasta las rodillas. El gigante se puso furioso al no encontrar en toda la comarca una laguna en la que pudiera bañarse.

-¡Estas no son lagunas, soló son cochas de lluvia! -vociferaba enojado.

Cuando estaba a punto de darse por vencido, divisó en el cerro Imbabura un diminuto brillo; era "La Laguna del Kunru". El gigante, con mucha cautela se acercó a ella y cuando estuvo cerca se rió a carcajadas.

-¡Jo-jo-jo-jo!¡Jo,jo,jo,jo,jo!-

El eco de su risa se escuchaba a muchas leguas de distancia

-¡Nunca he visto una cocha tan pequeña como ésta, ni siquiera servirá para lavarme los pies! -Exclamaba burlonamente y de un brinco se puso sobre ella.

 


Para sorpresa, el gigante se fue hundiendo poco a poco. El agua le pasó de los tobillos a las rodillas, a los muslos, a la barriga, al pecho y cuando le llegó hasta el cuello, se quiso salvar agarrándose de la montaña, pero la laguna le chupaba y más, hasta que fue demasiado tarde.

El gigante se ahogó en la laguna más pequeña del valle y sólo quedó una huella de él; un hueco enorme en forma de ventana, hecho en lo alto del Imbabura, cuando metió su dedo en la cumbre intentando salvar su vida. 

 

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