Este cuento fue recopilado en Peguche

Narrador: José Quimbo

Adaptación: Juan Carlos Lema

SARA PISHKU

 

Una jovencita, hacía un espantapájaros con trapos y paja, para que sea el guardián de los maizales. Sin embargo, era tan lindo el espantapájaros que los quilicos y las tórtolas no se asustaban opr nada y desde el aire se lanzaban a picotear el choclo tierno.

Pasaron los días y cada vez el terreno se llenaba de más intrusos, incluso en la cabeza del espantapájaros habían construido un nido. La joven decepcionada del muñeco de trapo decidió solucionar el problema con sus propias manos.

Renegando, renegando, saltaba los wachukuna y con caña en mano ahuyentaba a los pájaros tragones, no contenta y colorada de las iras, se subió a una parva y desde ahí empezó a lanzarles piedras hasta que todos huyeron despavoridos.

Luego de su victoria regresó a su casa pensando que no había un solo pájaro en el terreno, pero en medio del chakiñan se encontro con un Sara Pishku, la joven se asustó y enfurecida le mandó sacando a punte ramazos.

 

 

-¡Llukshiy de aquí!¡Pájaro tragón!¡Llukshiy, llukshiy!-

El Sara Pishku se puso a llorar resentido y voló a refugiarse en los bosques del Imbabur. Al poco tiempo los maizales se volvieron amarillos y dejaron de crecer. La gente intentó revivir la tierra, pero nada dio resultado. Cuando la comunidad se reunió para resolver el problema de la tierra estéril, los ancianos preguntaron.

-¿Quién ha visto a los sara pishkus? ¿Adónde se han ido?

Los ancianos decían que los sara pishkus son los cuidadores del maíz. Em ese instante, la jovencita se acercó a los ancianos y les contó lo que pasó con aquel pajarito triste. Ese mismo momento la gente preparó medianos, con plátanos, panes, maíz y chicha para ofrecerle como ofrenda al Sara Pishku pidiéndole perdón por el maltrato.

Y así fue. Aunque algunos días se hizo el rogado, el SAra Pishku terminó regresando para que el maís crezca de nuevo y la gente tenga buena cosecha.

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